La agricultura española está experimentando cambios tanto en la distribución de sus cultivos como en su evolución económica. Mientras que los datos de la última década muestran una reducción de la superficie cultivada y un mayor peso de los cultivos leñosos, los indicadores más recientes apuntan a una recuperación de la actividad agraria, aunque con diferencias importantes entre producciones.
Los resultados de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (ESYRCE), elaborada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), y el último análisis sectorial de CaixaBank Research permiten observar cómo está evolucionando el campo español y cuáles son algunos de sus principales retos.
¿Cómo ha cambiado la superficie agraria en España?
La distribución de la superficie cultivada ha experimentado modificaciones durante la última década.
Según los datos del Anuario de Estadística 2025 del MAPA, recogidos por Agroinformación, España perdió aproximadamente 527.600 hectáreas de superficie de cultivo entre 2015 y 2024, lo que supone una reducción cercana al 3 %.
La superficie pasó de 17,03 millones de hectáreas en 2015 a unos 16,50 millones en 2024.
Sin embargo, esta reducción no se ha producido de manera uniforme entre los diferentes tipos de cultivo.
Los cultivos herbáceos reducen su superficie
Los cultivos herbáceos, entre los que se encuentran cereales, leguminosas y numerosas producciones industriales y forrajeras, han registrado un ligero descenso en el periodo analizado.
Su superficie pasó de aproximadamente 9,04 millones de hectáreas en 2015 a 8,97 millones en 2024.

También destaca la reducción de las tierras en barbecho, que pasaron de 3,28 a 2,41 millones de hectáreas.
Estos cambios reflejan una evolución de los usos agrícolas del territorio, aunque no permiten atribuir las variaciones a una única causa.
Los cultivos leñosos ganan presencia
En sentido contrario, los cultivos leñosos han incrementado su superficie en unas 425.400 hectáreas durante el mismo periodo.
Su extensión pasó de aproximadamente 4,69 millones de hectáreas en 2015 a 5,12 millones en 2024.
Este grupo incluye producciones como el olivar, el viñedo y los frutales, que tienen un peso relevante en numerosas regiones agrícolas españolas.

El aumento de su superficie muestra un cambio en la distribución de los cultivos, aunque no implica necesariamente una mejora de la rentabilidad de todas estas producciones.
La agricultura española mantiene su recuperación económica
Los cambios en la superficie agraria coinciden con un contexto de recuperación de la actividad agrícola tras varios años especialmente complicados.
Según el análisis publicado por CaixaBank Research en octubre de 2026, el sector agrario registró un crecimiento del valor añadido bruto del 15 % en 2024 y del 11,9 % en 2025, después de las dificultades provocadas por la sequía y el incremento de los costes de producción.
Durante la primera mitad de 2026, la actividad agraria mantuvo una evolución positiva, con un crecimiento interanual del 5,6 %.
Por su parte, la renta agraria aumentó un 8,9 % en términos nominales en 2025, favorecida por un crecimiento de la producción superior al de los costes.
Estas cifras muestran una recuperación del conjunto del sector, pero conviene distinguir entre el crecimiento económico agregado y la situación particular de cada explotación.
Una evolución desigual entre cultivos
Uno de los aspectos más relevantes de los últimos datos es que la recuperación no está siendo igual para todas las producciones.
Las estimaciones de rendimiento de ESYRCE correspondientes a la primera mitad de 2026, analizadas por CaixaBank Research, apuntan a un comportamiento favorable de algunos cultivos leñosos mediterráneos.
En secano, el olivar presenta rendimientos estimados alrededor de un 40 % superiores a los de 2025, mientras que el viñedo registra incrementos próximos al 20 %.
En cambio, los cereales de invierno, las leguminosas y el almendro muestran descensos de rendimiento respecto al año anterior.
No obstante, una caída interanual no significa necesariamente una campaña por debajo de los niveles habituales. En el caso de cereales y leguminosas, los rendimientos se mantienen próximos a la media de los últimos cinco años.
Estos contrastes reflejan la importancia de analizar cada cultivo y campaña por separado, teniendo en cuenta las condiciones de producción y las referencias históricas.
Los principales retos económicos y productivos del campo español
Aunque los indicadores generales muestran una evolución más favorable, el sector agrícola continúa afrontando desafíos importantes.
Costes de producción y rentabilidad
La evolución de los costes sigue siendo determinante para la rentabilidad de las explotaciones.
El precio de la energía, los fertilizantes y otros insumos puede condicionar los márgenes de producción, incluso durante campañas con buenos rendimientos.
Por ello, una mejora de la actividad agraria a escala nacional no siempre se traduce en una recuperación equivalente de los ingresos de todos los agricultores.
Disponibilidad de agua y condiciones climáticas
Las condiciones meteorológicas continúan siendo otro factor decisivo.
Aunque la situación hídrica ha mejorado respecto a los años de sequía más intensa, los episodios de temperaturas extremas, lluvias intensas y granizo siguen generando incertidumbre sobre las cosechas.
La disponibilidad de agua y la capacidad de adaptación de los cultivos resultan especialmente relevantes para mantener la estabilidad productiva.
Adaptación de las explotaciones
Los cambios en los cultivos y en las condiciones económicas también ponen de manifiesto la necesidad de ajustar las estrategias de manejo agrícola.
La planificación de la nutrición vegetal, el seguimiento del estado de los cultivos y el uso eficiente de los recursos son aspectos importantes para responder a las necesidades de cada explotación.
No existe una solución única para todas las producciones, por lo que las decisiones deben apoyarse en criterios agronómicos y en las condiciones particulares de cada cultivo.
¿Hacia dónde evoluciona el campo español?
Los datos muestran una agricultura española en transformación, con cambios en la distribución de la superficie cultivada y una recuperación económica que todavía presenta diferencias entre producciones.
El aumento de los cultivos leñosos durante la última década, la evolución de los rendimientos y la presión de los costes dibujan un escenario en el que será necesario seguir prestando atención tanto a la productividad como a la rentabilidad de las explotaciones.
En este contexto, el conocimiento agronómico, la investigación y la adaptación a las condiciones de cada territorio seguirán siendo fundamentales.
Desde Agrométodos, continuaremos compartiendo información y análisis sobre la evolución del sector agrícola, sus principales desafíos y las tendencias que están marcando el futuro del campo español.
Preguntas frecuentes sobre la evolución de la agricultura española
¿Qué es la encuesta ESYRCE y qué información ofrece?
La Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (ESYRCE), elaborada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, permite conocer la distribución de los cultivos en España y estimar sus rendimientos. Sus resultados ayudan a analizar cómo evoluciona la superficie agraria y a identificar cambios en las principales producciones agrícolas.
¿Qué diferencia hay entre cultivos herbáceos y leñosos?
Los cultivos herbáceos incluyen producciones como los cereales, las leguminosas y determinados cultivos industriales o forrajeros. Los leñosos, en cambio, comprenden cultivos permanentes como el olivar, el viñedo y los frutales. Ambos grupos presentan necesidades de manejo y ciclos productivos diferentes.
¿Por qué puede crecer la actividad agraria sin mejorar la rentabilidad de todos los agricultores?
Porque los resultados económicos del sector no evolucionan de forma uniforme. Las diferencias de rendimiento, los precios de venta, los costes de producción y las condiciones climáticas pueden hacer que algunas explotaciones mejoren sus resultados mientras otras siguen afrontando dificultades.



