Agricultura regenerativa y biodiversidad: claves para mejorar la salud del suelo

Desde Agrométodos nos hacemos eco del creciente interés por la agricultura regenerativa y del papel que está adquiriendo la biodiversidad dentro de las explotaciones agrícolas. Dos tendencias que han pasado de estar presentes en proyectos piloto a ocupar un espacio cada vez mayor en las estrategias de agricultores, empresas agroalimentarias e instituciones.

Sin embargo, la agricultura regenerativa no es una técnica concreta ni una receta que pueda trasladarse de forma idéntica a cualquier parcela. Se trata de un enfoque que busca recuperar y conservar la capacidad productiva del suelo mediante prácticas adaptadas al cultivo, al clima, al tipo de terreno y a las condiciones de cada explotación.

El reto consiste en pasar de las declaraciones generales a decisiones agronómicas medibles. Para ello, es necesario conocer el estado inicial del suelo, definir objetivos realistas y evaluar cómo evolucionan sus propiedades físicas, químicas y biológicas.

¿Qué se entiende por agricultura regenerativa?

No existe una única definición aceptada internacionalmente de agricultura regenerativa. En términos generales, el concepto reúne estrategias orientadas a mejorar la salud del suelo, aumentar la diversidad biológica, optimizar el ciclo del agua y reforzar la resiliencia de los sistemas agrícolas.

A diferencia de otros modelos que se centran principalmente en reducir el impacto de la producción, el enfoque regenerativo pretende que la actividad agrícola contribuya a recuperar funciones que se han deteriorado. Esto puede incluir la estructura del suelo, su contenido en materia orgánica, la capacidad de infiltración, la actividad biológica o la diversidad de especies presentes en la explotación.

La ausencia de una definición única también obliga a actuar con prudencia. No basta con aplicar una práctica aislada para considerar que una explotación es regenerativa. El resultado depende de la combinación de medidas, de su continuidad y, sobre todo, de la evolución que pueda demostrarse mediante datos.

Los nuevos marcos que buscan extender la agricultura regenerativa están dando prioridad a este enfoque basado en resultados. En lugar de imponer exactamente las mismas prácticas en todos los territorios, plantean objetivos comunes relacionados con el suelo, el agua, la biodiversidad y la viabilidad económica, permitiendo adaptar las decisiones a las circunstancias locales.

La agricultura regenerativa no es una receta única
Las prácticas deben adaptarse al cultivo, al suelo, al clima y a las condiciones concretas de cada explotación. Su eficacia debe evaluarse mediante resultados medibles.

Agricultura regenerativa, ecológica y de conservación: ¿son lo mismo?

Aunque comparten objetivos, estos conceptos no son equivalentes.

La agricultura ecológica está regulada y establece qué productos y procesos pueden utilizarse para obtener una certificación. La agricultura de conservación se apoya en principios como la reducción de la alteración mecánica del suelo, el mantenimiento de una cubierta orgánica y la diversificación de cultivos.

La agricultura regenerativa, en cambio, no cuenta con una certificación única ni con una lista cerrada de actuaciones. Puede incorporar prácticas procedentes de la agricultura ecológica, de conservación, de precisión o de otros sistemas, siempre que contribuyan a mejorar las funciones del suelo y del ecosistema agrícola.

Por eso, más que elegir una etiqueta, lo importante es definir qué se quiere mejorar y comprobar si las medidas adoptadas producen el efecto esperado.

¿Por qué la biodiversidad es estratégica para la explotación?

La biodiversidad agrícola no se limita a la presencia de fauna visible o de vegetación en los márgenes. También comprende microorganismos, hongos, bacterias, insectos, lombrices y otros organismos que participan en procesos esenciales para el funcionamiento del suelo.

Una comunidad biológica diversa puede intervenir en la descomposición de residuos, el reciclaje de nutrientes, la formación de agregados, la regulación de organismos perjudiciales y la relación entre las raíces y el entorno.

Las decisiones de manejo influyen directamente en estas comunidades. El uso del suelo, la intensidad del laboreo, las rotaciones, la cobertura vegetal y el aporte de materia orgánica pueden favorecer o limitar la biodiversidad y, con ella, determinadas funciones relacionadas con la productividad y la resiliencia.

También tiene importancia la biodiversidad situada sobre el suelo. Los márgenes, setos, cubiertas, áreas de vegetación espontánea y otras estructuras pueden proporcionar refugio y alimento a polinizadores y fauna auxiliar.

Esto no significa que cualquier aumento de vegetación produzca automáticamente un beneficio. La gestión debe responder al cultivo, al clima y a los riesgos concretos de cada parcela, incluidos la competencia por agua, la propagación de plagas o el peligro de incendios.

¿Qué beneficios puede aportar este enfoque?

La agricultura regenerativa se relaciona con varios beneficios potenciales, pero sus resultados no son inmediatos ni uniformes.

Mejora de la estructura del suelo

Las raíces, la materia orgánica y la actividad biológica participan en la formación y estabilidad de los agregados. Una estructura adecuada facilita la circulación del aire, la infiltración del agua y el desarrollo radicular.

Mayor capacidad para gestionar el agua

Un suelo bien estructurado puede infiltrar y almacenar mejor el agua disponible. Esto es especialmente relevante ante periodos de sequía o episodios de lluvia intensa, aunque el resultado dependerá de factores como la textura, la pendiente, la materia orgánica y el manejo previo.

Uso más eficiente de los nutrientes

La actividad biológica interviene en la transformación y disponibilidad de determinados nutrientes. Una buena gestión del suelo puede ayudar a mejorar su aprovechamiento, pero no sustituye la necesidad de analizar las necesidades reales del cultivo ni de planificar correctamente la fertilización.

Mayor resiliencia de los cultivos

Diversificar cultivos, proteger la superficie y favorecer un sistema radicular activo puede ayudar a que la explotación responda mejor frente a determinadas situaciones de estrés. La resiliencia no significa eliminar los riesgos, sino mejorar la capacidad de adaptación y recuperación.

Conservación de la capacidad productiva

El objetivo final no consiste únicamente en obtener resultados ambientales. Para que el modelo se mantenga, debe ser agronómica y económicamente viable. El coste de la transición, el aprendizaje y la posibilidad de pérdidas temporales de rendimiento son algunas de las barreras señaladas para extender estas prácticas a gran escala.

Prácticas que pueden favorecer la regeneración y la biodiversidad

No existe una combinación válida para todas las explotaciones. Entre las medidas más habituales se encuentran las siguientes:

Cubiertas vegetales

Mantener el suelo cubierto durante parte o todo el año puede reducir su exposición directa al sol y a la lluvia, limitar la erosión y aportar biomasa.

Las cubiertas también pueden favorecer la biodiversidad del agroecosistema. Sin embargo, deben gestionarse de acuerdo con la disponibilidad de agua, el cultivo principal y el momento del ciclo productivo. En zonas secas, una cubierta mal planificada puede competir por recursos.

Rotaciones y diversificación

Alternar especies con sistemas radiculares y necesidades diferentes ayuda a evitar la repetición continua de los mismos ciclos. Las rotaciones pueden contribuir a gestionar nutrientes, reducir la presión de determinados organismos perjudiciales y aportar distintos tipos de residuos vegetales.

La diversificación puede aplicarse mediante rotaciones, asociaciones, cultivos intercalados o incorporación de especies de cobertura, siempre que sean compatibles con el sistema productivo.

Reducción o adaptación del laboreo

Disminuir la intensidad del laboreo puede ayudar a conservar la estructura del suelo y reducir su alteración. No obstante, la decisión debe adaptarse a la textura, la compactación, la maquinaria, el cultivo y la estrategia de control de malas hierbas.

La siembra directa o el mínimo laboreo no son soluciones universales. En algunas situaciones pueden resultar adecuados y, en otras, será necesario intervenir para corregir problemas concretos.

Conservación de márgenes y hábitats

Los márgenes con vegetación, setos y pequeñas áreas no cultivadas pueden actuar como refugio para polinizadores y fauna auxiliar. Su gestión debe evitar que se conviertan en focos de problemas fitosanitarios o dificulten las labores agrícolas.

Aporte y conservación de materia orgánica

Los restos vegetales, enmiendas y otros aportes pueden influir en el contenido de materia orgánica. Antes de incorporarlos, es necesario conocer su composición, su estabilidad, la dosis adecuada y su efecto sobre el equilibrio nutricional.

Más cantidad no siempre significa un mejor resultado. La decisión debe basarse en las características del suelo y en las necesidades del cultivo.

Medir antes de actuar: la importancia del análisis del suelo

Uno de los riesgos de la agricultura regenerativa es adoptar prácticas por tendencia sin conocer el problema que se pretende resolver.

Antes de modificar el manejo, conviene disponer de una referencia inicial. El análisis del suelo ayuda a conocer parámetros como el pH, la conductividad, la materia orgánica, la disponibilidad de nutrientes y otros indicadores relevantes.

Esta información permite detectar limitaciones, evitar intervenciones innecesarias y establecer objetivos coherentes.

El análisis inicial debe complementarse con seguimiento. Los cambios en el suelo suelen producirse lentamente y pueden variar entre zonas de una misma parcela.

¿Qué indicadores pueden ayudar a evaluar la evolución?

La selección de indicadores dependerá del objetivo y de los medios disponibles. Algunos de los más utilizados son:

  • Contenido en materia orgánica.
  • pH y conductividad eléctrica.
  • Disponibilidad y equilibrio de nutrientes.
  • Densidad aparente y compactación.
  • Estabilidad de los agregados.
  • Capacidad de infiltración.
  • Retención de agua.
  • Profundidad y distribución de las raíces.
  • Cobertura del suelo.
  • Presencia y diversidad de organismos.
  • Rendimiento y calidad de la cosecha.
  • Uso de agua, fertilizantes y otros insumos.

No es necesario medirlo todo al mismo tiempo. Es preferible seleccionar indicadores útiles, repetirlos con una metodología comparable y relacionarlos con las prácticas realizadas.

La digitalización, los sensores y el análisis de datos pueden facilitar este seguimiento, pero la tecnología no sustituye la interpretación agronómica. El dato solo resulta útil cuando se analiza en el contexto del cultivo, la parcela y las condiciones meteorológicas.

De los proyectos piloto a una gestión adaptada a cada explotación

La agricultura regenerativa se encuentra en una fase de expansión, pero todavía debe superar barreras técnicas, económicas y organizativas. La falta de criterios comunes dificulta comparar resultados, mientras que los costes iniciales y la incertidumbre pueden frenar la adopción por parte de los agricultores.

Para avanzar, será necesario combinar conocimiento técnico, incentivos adecuados, colaboración entre los distintos agentes de la cadena y sistemas de medición que no generen una carga desproporcionada.

La transición tampoco tiene por qué realizarse de una sola vez. Puede comenzar en una parcela o con una práctica concreta, evaluar los resultados y ampliar las medidas cuando exista evidencia suficiente.

Agricultura regenerativa basada en conocimiento y datos

La agricultura regenerativa y la biodiversidad ofrecen un marco para revisar cómo se gestiona el suelo y cómo se relaciona la producción con el entorno. Sin embargo, su valor dependerá de que se traduzcan en decisiones adaptadas, medibles y compatibles con la realidad económica de cada explotación.

Cubiertas vegetales, rotaciones, reducción del laboreo o conservación de márgenes pueden ser herramientas útiles, pero no deben aplicarse de forma automática. El primer paso es conocer el suelo, identificar sus limitaciones y definir qué resultados se quieren conseguir.

En el blog de Agrométodos seguiremos compartiendo información sobre innovación agronómica, salud del suelo y sostenibilidad aplicada, con el objetivo de acercar al sector herramientas que ayuden a tomar decisiones basadas en criterios técnicos.

Preguntas frecuentes sobre agricultura regenerativa

¿Qué diferencia existe entre agricultura regenerativa y agricultura ecológica?

La agricultura ecológica está regulada y exige el cumplimiento de normas concretas para obtener una certificación. La agricultura regenerativa no cuenta con una regulación única y se centra principalmente en mejorar funciones del suelo y del ecosistema mediante prácticas adaptadas a cada explotación.

¿Qué prácticas se consideran regenerativas?

Entre las más habituales se encuentran las cubiertas vegetales, las rotaciones, la diversificación de cultivos, la reducción del laboreo, la conservación de márgenes y la gestión de la materia orgánica. Su conveniencia depende del cultivo, del suelo y del clima.

¿La agricultura regenerativa mejora siempre la productividad?

No puede afirmarse que todas las prácticas aumenten siempre el rendimiento. Los resultados dependen de las condiciones iniciales, el manejo, el tiempo de aplicación y la adecuación de las medidas. También pueden existir costes o ajustes productivos durante la transición.

¿Por qué es importante analizar el suelo antes de cambiar el manejo?

Porque permite conocer el estado inicial, detectar limitaciones y seleccionar las prácticas más adecuadas. Sin una referencia previa, resulta difícil evaluar si las medidas aplicadas están produciendo una mejora real.

¿Cuánto tiempo se necesita para observar cambios en el suelo?

Depende del indicador, del tipo de suelo, del cultivo y del manejo. Algunos cambios pueden detectarse a corto plazo, mientras que otros, como la evolución de la materia orgánica o de la estructura, necesitan un seguimiento continuado durante varias campañas.

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